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Borinot clásica, cerveza artesanal de Tarragona.

Un borinot, en valenciano es una especie de bombus o abejorro gordo, aunque también se usa despectivamente para designar a una persona torpe y atropellada. Curioso nombre para una cerveza…

Se trata de una cerveza turbia, sin espupa, con un sabor a lúpulo muy suave pero que deja ese poquito de amargor que poseen las buenas cervezas.

He de confesar que al primer trago me resultó desagradable, alejada de lo que debaría ser una cerveza de calidad pero, posteriormente, y una vez dados unos tragos, me resultó bastente más grata.

El diseño es muy sencillo en la clásica, con su etiqueta roja, que es amarilla en otro tipo, y de poca complicación ya que lleva una especie de moscardón, gordote y peludo, un “borinot” en negro, y con la clasificación que hace la propia marca junto al título de que se trata de una cerveza artesana. En blanco, Borinot.

Tiene un 5,0% de alcohol, cuatro maltas, azúcar, lúpulos y levaduras, sin filtrar ni pasteurizar, lo cual explica su turbidez y la gran cantidad de posos que quedan en la botella.

Fabricada en Paterna, cerca de Valencia, supuéstamente de forma artesanal, no es una cerveza notable; no me ha gustado mucho pero, por tomar algo distinto quizá valga la pena probar.

Combina muy bien con frutos secos y queso.

Adenda. El título original era “Borinot clásica, cerveza artesanal valenciana” pero un seguidor del Blog nos ha corregido indicando que es una cerveza tarraconense, al cual agradecemos enormemente su intervención.

 

Sepa qué cerveza pedir…

No suelo cortar y pegar nada que no sea mío, pero en este caso voy a hacer una excepción. La fuente de lo que se puede leer aquí es:  http://elpais.com/elpais/2015/07/30/buenavida/1438249637_583075.html

Me ha parecido interesante, no obstante, algunos aspectos de lo que aquí se expone quizá habría que revisarlos con otro criterio.

Empecemos derribando mitos. El consumo moderado de cerveza no modifica el peso corporal ni tampoco la composición del mismo. Es decir, ni engorda ni saca tripa. Lo deja bien claro el estudio realizado por Ana María Veses Alcobendas para el Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos y Nutrición (ICTAN). Pero, ¿qué se considera consumo moderado? Aquí no valen percepciones subjetivas. El European Food Information Council (EUFIC) recoge las recomendaciones de la OMS: dos cañitas máximo al día si usted es mujer (50 cl en total), y tres en caso de ser hombre. Para seguir con las buenas noticias, mencionamos las investigaciones del doctor Ramón Estruch, del hospital Clinic de Barcelona, publicadas por el Centro de Información Cerveza y Salud, que afirman que la ingesta moderada y regular de cerveza en las comidas principales ejerce un efecto protector contra la aterosclerosis y otros factores de riesgo cardiovascular. La guinda positiva son las conclusiones de la Universidad de Lanzhou en China sobre el Xanthohumol, un polifenol presente en el lúpulo, antioxidante y anticancerígeno, y un aliado perfecto contra las enfermedades neurodegenerativas.

Así pues, todo parecen ser virtudes en la que, probablemente, es la bebida más solicitada del mundo, entre otras cosas, como afirma Jacobo Olalla, Director General deCerveceros de España, por su capacidad para fusionar gastronomía, amistad y placer. “Es la bebida social por antonomasia. Podríamos decir que la fórmula del éxito es la calidad: buenas cervezas con buenas tapas, en buena compañía y en buenos bares. Salir a tomar unas cañas con los amigos es un plan que siempre apetece y que se identifica con nuestra cultura”, asegura. Como apunta el Olalla, la cerveza ha establecido una serie de rituales sociales y es capaz de promocionar la imagen de cada país más allá de sus propias fronteras. De hecho, cualquiera que escuche la palabra Coronita, viajará mentalmente a México; si se menciona una Birra Moretti, se ubicará en Italia; Victoria Bitter, le llevará hasta Australia; Budweiser, a Norteamérica; y hasta un japonés sería capaz de reconocer el made in Spain detrás de una botella de Cruzcampo, mientras saborea una de sus populares Asahi.

La verdadera cerveza

Sin embargo, más allá de las marcas comerciales populares, lo correcto, si usted es aspirante a experto en el tema, es conocer los tipos y variedades. “Cada cerveza es característica de un lugar, y cada país o zona tiene su variedad típica. Por ejemplo, si hablo de una Ale, pues me voy a Düsseldorf; si quiero tomar una Kölsch, iría a Colonia; si el antojo es beber una verdadera Pils, pues hay que ir a la República Checa; y si la opción es disfrutar de una Lambic, hay que viajar a Bélgica, de donde son típicas”, comenta el maestro y técnico cervecero José Luis Ramírez, de la cervecería Oldenburg de Madrid.

¿Ale? ¿Kölsch? ¿Pils? ¿Lambic? ¿Y usted que pensaba que solo había tres tipos: rubias, tostadas y negras? En este mundo sin fin del combinado entre agua, cebada, levadura y lúpulo, el primer paso para distinguir una cerveza de otra es su método de elaboración: de baja fermentación o de alta. “En el primero, el proceso de fermentación se realiza entre cinco y siete grados de temperatura de seis a ocho días; en el segundo método, se realiza entre 17 y 19 grados y las levaduras permanecen arriba, en la superficie de la olla de fermentación”, explica el especialista Ramírez. Esto hace que las primeras sean más suaves y con menos grados de alcohol; y las segundas tengan más cuerpo, sean más complejas, y también se suban más a la cabeza pues su graduación alcohólica suele ir desde los 5.5° a los 12° o más. A las primeras se las conoce como Lager; a las segundas, como Ale.

Rizando el rizo

La familia de las Lager, que surgieron en 1842, tiene una amplia gama de estilos: desde la Pilsen estándar, que es la rubia y transparente que consumimos en España (por cierto, nuestro consumo medio es de 46,3 litros al año per cápita, según elInforme Socioeconómico 2013 de Cerveceros España), hasta las exclusivas Pils checas, pasando por las Pálidas de Baviera, las Oscuras estilo Munich, o las Bock, por ejemplo. Mientras que muchas del clan de las Ale son tradicionales en diferentes países de Centro Europa desde la Edad Media, cuando la cerveza no era un refresco para saciar la sed, tal y como lo concebimos, sino un alimento. “En aquella época, los monjes durante la cuaresma no tenían permitido comer ni tampoco masticar. Solo podían beber. ¿Qué bebida se autoconservaba sin necesidad de frío, hidrataba (más del 90% es agua), alimentaba (gracias a los cereales), tenía beneficios para la salud y, por su contenido en alcohol, no dejaba proliferar las bacterias en el cuerpo? La cerveza”, explica David Castro, presidente de la Asociación Española de Cerveceros Artesanos Independientes. De hecho, la producción de los monjes dio lugar a las conocidas variedades Abadía y Trapense, típicas de Bélgica y Holanda, que aún hoy se siguen elaborando en algunos monasterios y compiten en sabor con otras Ale, como las Stout, las Pale Ale y las Porter inglesas, o las Kölsch alemanas, por nombrar algunas.

Y entonces, ¿lo de rubia, tostada y morena? “El color no tiene nada que ver con la fermentación. Es algo que se consigue en la primera cocción de la malta para que el agua salga ya teñida del color que deseamos darle a la cerveza. Las Stout de Inglaterra e Irlanda son unas negras de alta fermentación muy características donde la malta se maltea a unas temperaturas muy altas para conseguir ese negro total. Pero en Alemania y en la República Checa hay también cerveza negra que es de baja fermentación”, detalla José Luis Ramírez.

¿Vaso o copa?

Si con estas nociones iniciales le han entrado ganas de indagar más en la cultura cervecera, es necesario que ahora active su espíritu aventurero, pues va a probar sabores muy diferentes. En Bélgica, por ejemplo, ha de pedir una Lambic, peculiar porque es la única cerveza en el mundo que se produce por un método diverso: el de fermentación espontánea. Y si le resulta extraña, nada mejor que catar otras y comparar. Básicamente, para que se haga una idea, “el sabor de las de alta fermentación suele ser más a fruta. Las de baja, más a lúpulo y materia prima, es decir, cebada. Si se trata de una cerveza de trigo, tendrá aromas más vegetales”, apunta Juan Muñoz, sumiller y autor de 365 cervezas que no puedes dejar de probar (Grijalbo). Las diferencias aromáticas y su complejidad también afectan directamente al recipiente en el que servirlas. “La cerveza va a ir necesitando una copa más ancha, tipo cáliz, en función de una mayor potencia y cuerpo, de los grados de alcohol y del aroma. En cambio, el vaso tipo flauta largo es ideal para las Lager porque son cervezas ligeras que no necesitan tanta apertura para respirar”, apunta el sumiller.

El siguiente paso para no meter la pata allá donde vaya es saber que no todas las cervezas se sirven a la misma temperatura, ni mucho menos heladas como es la costumbre española. Según explica el maestro cervecero José Luis Ramírez, “una Pilsen normal (es decir, la típica caña) ha de estar entre tres y cinco grados. Una Ale tostada de Abadía, por ejemplo, entre seis y nueve. Y una Stout, que son las más rebuscadas, entre 8 y 12”. Y, en todos los casos, como zanja el sumiller Muñoz, “lo importante es que el recipiente sea de cristal. Y cuanto más delgado y mayor calidad tenga, mejor será la sensación a la hora de beberla”.

Sepa disfrutarla

¿Cómo? Juan Muñoz nos da cuatro pautas:

1. Espere unos instantes. “Por regla general, en las cervezas de Abadía, Trapenses, de trigo, en las de crianza y en las cervezas de fermentación espontánea es conveniente que reposen unos instantes antes de beberlas. En una Lager, de barril, fresca, y ligera, no hace falta”.

2. Fíjese en la espuma. “Ha de ser cremosa. Aporta aromas y protege, y es una parte fundamental de la cerveza, sea del tipo que sea”. Jacobo Olalla, de Cerveceros de España, recuerda que “la mejor pista para saber si una cerveza está bien tirada son los dos dedos de espuma brillante y la huella en forma de aros que va dejando en la copa”.

3. Huela. “Es muy importante que reconozcamos aromas limpios, sobre todo cuando son cervezas de barril”, señala el sumiller.

4. Y combine. Una parte novedosa para disfrutar al máximo de su sabor es aprender a maridarlas. “Una Lambic vieja con queso azul, o una Stout bien negra con un postre de chocolate. Claro que nuestra caña española fría con unos boquerones en vinagre es también una delicia”, apunta Muñoz.

Grevensteiner

Quizá, como subtítulo debería escribir: “La mejor cerveza jamás compartida…”, y lo digo porque se trata de un botellín de medio litro (0,51), de estos rechonchos que hacen tanta gracia hacen a los coleccionistas, con una etiqueta muy tradicional, en papel verjurado, y grabado en rojo y negro muy correcto y atractivo; pero vamos al hecho. Compartida con mi esposa en una cena romántica.

Cerveza algo turbia de color brillante rojizo, y de un sabor verdaderamente agradable, poco amarga que sin embargo deja notar ese agradable amargor del lúpulo. Con pequeñas burbujas y espuma justa.

Según dice la contraetiqueta, “elaborada con agua blanda de manantial y lúpulo recién cosechado en conformidad con la ley alemana de pureza de la cerveza“, también habla del sabor “redondo” del producto. Desde luego ley, tradición y calidad se unen en esta excelente cerveza, muy, muy recomendable.

No es excesivamente alcohólica (5,2% ) y a parte de los ingredientes que se indican en el texto nos aparece una nueva tipología landbier que equivaldría a una cerveza de campo.

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Landbier [land = campo]

Landbier es un término para definir una cerveza “de mesa”, es decir, es una cerveza ideal para tomar a diario. Tiene un sabor ligero a lúpulo. Sus otras características están pocos definidas: suelen ser doradas pero también las hay oscuras, pueden estar filtradas o no, y su porcentaje de alcohol varía entre un 4,8 y un 5,3 %. Para la gran mayoría de cervecerías, el término landbier tiene más que ver con el marketing para nombrar una determinada linea de cervezas que con una forma concreta de elaboración.

Artículo escrito por Luis Caballero.  Extraido del Blog: Una española en Múnich

Affligem, la espumosa…

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Intensa cerveza, de color, y de sabor, y también muy espumosa. Es la cerveza de las intensidades.

Me gusta su aroma fuerte que en la boca resulta cremoso y denso, poco amargo y bastante amable. Eso si, antes de escanciar en el vaso hay que ir con precaución que no rebose su espuma la cual surge con rapidez.

Cerveza de las llamadas de abadía, [cerificada], con doble fermentación, contiene malta de cebada, azúcar y especias, lo que no sabemos es qué especias.

Una cuidada presentación de etiquetas rojo y dorado, y unos elementos típicos en las marcas de cerveza como escudos o el año desde que se fabrica, en este caso 1074.

Me llama la atención que en la contraetiqueta podemos leer diversos textos en otras lenguas con diferente contenido, quizá debido a que en cada lugar las obligaciones legales son diferentes.

Fabricada por Alken -Maes en Bélgica, la distribuye Heineken en España. En general, una buena cerveza.

Charles Quint / Keizer Karel

En un reciente viaje que hicimos a Bruselas, mi primera cerveza belga en Bélgica la tomé en un establecimiento en el que la publicidad del mismo hacía referencia a la cerveza Charles Quint / Keizer Karel; aunque lo que tomé fue una Mystic, deliciosa de un precioso color vermut.

De vuelta en Valencia vi una botella de esta cerveza Carlos V, roja, con una hermosa decoración en la que aparece un medallón dorado con el busto de Carlos I de España y V de Alemania. Una buena imagen corporativa.

Se trata de una cerveza muy agradable de un vivo color rojo rubí, de alta fermentación, suave y con sabor a fruta, con malta de cebada.

En Bélgica tomamos una gran variedad de cervezas, todas realmente buenas y con características verdaderamente destacables. Quizá también por el entorno pues a espaldas de la Iglesia de Santa Catherine estuvimos en un establecimiento de Grimbergen, y de ahí al cielo sólo había un paso.

Pero volviendo a la Charles Quint, una cerveza muy agradable, con suficiente espuma y de un paladar muy grato. Totalmente recomendable.

Altura de Vuelo.

Os doy mi palabra que es pura casualidad pero, la cuestión, es que este es el nombre de otra muy buena marca de cerveza valenciana de carácter artesanal.

Es turbia y crea poca espuma aunque en el momento parece bastante, de color cremoso, pero que desaparece pronto. Esa turbidez no le añade cuerpo o mejor dicho densidad a la bebida que es ligera y amarga con un retrosabor muy grato.

La presentación es seria y sencilla, con una etiqueta de papel verjurado donde podemos ver los corondeles y los puntizones –he de decir que muy lograda– con su letra cursiva, elegante, y sencilla.

La chapa, o tapón corona tiene una estrella amarilla de 12 puntas que también se ve en la etiqueta muy diminuta.

La Empresa Fernández Pons, de Casas del Rey, en Valencia elabora este buen caldo fermentando la cerveza en la botella. Por cierto, cerveza  fabricada con agua de manantial.

Me ha gustado mucho, tanto como el resto de cervezas valencianas. A ver si ahora además de hacernos famosos por la paella vamos a hacerlo por nuestras cervezas.

Seguimos con más valencianas: Nispra.

nispraExcelente cerveza, algo cara pero de gran calidad, fabricada con los ñísperos de la zona de Altea. Muy, pero que muy buena. Con su sabor afrutado y ese toquecillo amargo del lúpulo que hacen de esta cerveza una de las mejores cervezas que he probado.

Al escanciar en el vaso, genera una gran cantidad de espuma. Esto es un poco molesto pero, al saborear la cerveza, se le perdona todo. Tiene también algo de poso, unas arenillas de color grisáceo que quedan en el fondo de la copa, pero que no molestan ya que el líquido es fácil de tomar y nada espeso. Estas arenillas son, parece ser, un signo de distinción y calidad, por el trabajo artesanal de esta cerveza.

Invito a quien pueda, a beber una Nispra. Quedará muy satisfecho.

Una cerveza valenciana.

El otro día en un Pub, tomé una cerveza fabricada en Valencia mediante métodos tradicionales. En la etiqueta pudimos leer O’clock, el nombre del Pub, pero la cuestión es que me tomé una exquisitez. Algo turbia, moderadamente amarga, muy refrescante y con un inmejorable sabor a cerveza “de la buena”.

Una cerveza para tomar con una copa fina pues se mostraba elegante y festiva. Seguramente con poco alcohol, ya insistiré en la etiqueta pues no pude leer el contenido de la misma.

Interesante de verdad.

Buckler 00, la Blanca… y la Negra también.

El título me recuerda un chiste de Eugenio, uno de los mejores humoristas españoles del siglo pasado. En el chiste se alababa las características de unas obejas blancas propiedad del pastor pero finalmente tanto las blancas como las negras tenían grandes cualidades y eran propiedad del pastor. Es el caso, ambas cervezas oo, son de una calidad y un gusto exquisito.

Me gusta casi más la Buckler Blanca por su sabor blorar y refrescante, nada pesada y muy buena para tomar, aunque la Buckler Negra resulta un poco suave al paladar y con menos fuerza, quizá, pero igual de buena.

Ambas dos cervezas 00 se presentan en latas con una imagen muy, pero que muy cuidada. La calidad del contenido es muy alta también, y a esto seguramente contribuyen los avances técnicos en la elavoracion de cerveza y en las mejoras en la desalcoholización y la rectificación de la bebida, interesante nogocio…  tengamos en cuenta que un sector muy grande de la población, en el que me incluyo, cada vez está más interesada por este tipo de productos.

Para comer, almorzar o simplemente tomar una cerveza, es muy interesante, seguro que si pides una repiten en otra ocasión. Yo lo he hecho.

Lo que no acabo de entender es eso de: “it’s the final countdown, ninonino”

Kirin Beer

¿ Donde sino se puede tomar una buena cerveza japonesa? Pues eso hicimos un amigo y yo el otro día en Barcelona después de asistir como tertulianos a un programa de TV,  Para todos la 2 de RTVE.

Nos dejaron después del programa en una editorial, Plataforma, donde este amigo mío ha editado un libro y después paseamos por la ciudad.

La cuestión y para no alargarme mucho, entramos a un restaurante japonés donde pedimos cuatro exquisitos platos y para beber un par de cervezas japonesas…

No es que me entusiasmase mucho probarla al principio, pero me sorprendió lo agradable del primer trago, muy florar suave, sencillo y a la vez lleno de elementos y recuerdos próximos tanto como lejanos, como las escenas de algunas películas japonesas, o las flores de un jardín… fue bastante grato.

Con la comida mezcla bien, no empalaga ni se hace pesada para nada; es un cerveza adecuada.

Al final me gustó, bastante que pese a que no la colocaría entre mis cervezas predilectas, el momento, la comida y la compañía junto con esta Kirin, fue de lo mejor.

Me gustó la presentación, ese carácter de “cosa preciosa”, con sus dorados, con el dragón-caballo  y el diseño oriental… muy bien, y nada desdeñable en su conjunto.